El Papa Benedicto XVI, en su pontificado nos recuerda innumerables veces que la vida humana es sagrada en todas sus fases, porque al poseer la vida se goza de un do inviolable que debe ser definido sin admitir términos medios. Si no reconocemos que este principio es absoluto, entoces corremos el grave peligro de legalizar o institucionalizar la discriminación de algunos seres humanos, usualmente aquellos que no se pueden defender asi mismos de alguna agresión. Si no defendemos a toda vida humana inocente como sagrada en sí misma y con una actiud que no admite componendas, entonces no seremos capaces de defender a nadie. La situación de nuestro país, en referencia al respecto y aprecio de la vida humana, se ha ido deteriorando lentamente durante estos últimos años. Estamos oyendo todos los fines de semana las informaciones de las personas asesinadas en las calles de nuestras ciudades junto a la lista de otros delitos que se cometen contra la propiedad privada, contra los bienes públicos y contra la integridad fisica y moral de las personas. Donde aparece puntualmente el numero de hermanos y hermanas nuestros privados del don de la vida.